Entre los principales atractivos culturales de Chicago suelen figurar los rascacielos del Loop, las colecciones de su Instituto de Arte, el Museo Field o el Parque del Milenio. Pero sería injusto no añadir su orquesta sinfónica. No sólo por su histórica sede, el Orchestra Hall, de 1904, diseñado por Daniel Burnham, responsable de la revolución arquitectónica que vivió Chicago tras el gran incendio de 1871, sino también por su distintiva tradición musical. La Sinfónica de Chicago, que nació a finales del siglo XIX, ha creado un sonido orquestal distintivo que, a diferencia de tantas orquestas centroeuropeas que se apoyan en la cuerda grave, aquí el sonido se sostiene a partir del majestuoso ataque de su sección de viento metal. Se trata del famoso Chicago Brass, que es la seña de identidad de una de las mejores formaciones sinfónicas del planeta.