Laurent Pelly rara vez se conforma con el naturalismo. El director de escena francés construye en cada producción operística un universo visual inconfundible, donde el vestuario y un minucioso trabajo dramático sobre los personajes se funden a través de un filtro cultural deliberado. Ya lo demostró hace tres años con su Il turco in Italia rossiniano, concebido a partir de las fotonovelas románticas italianas de los años cincuenta, y en 2024 con unos Maestros cantores wagnerianos cuyo Núremberg de cartón funcionaba como metáfora de la ruina cultural. Esta temporada, su Eugenio Oneguin de Chaikovski en Les Arts apostó por una depuración extrema, mientras que en el Maestranza de Sevilla transformó el bosque de A Midsummer Night’s Dream, de Britten, en un espacio onírico e inquietante.