CRÍTICA – QUINCENA MUSICAL – SEOUL PHILHARMONIC ORCHESTRA. EASO ABESBATZA
EL GRAN TRIUNFO DE LAS VOCES FEMENINAS
San Sebastián. 26.VIII.2026. Auditorio Kursaal. The Wound-Dreser, de John Adams. Sinfonía nº 9 en Re menor, Op. 125 – Coral, de Ludwig van Beethoven. Seoul Philharmonic Orchestra. Jaap van Zweden (director musical / maestro concertador). Easo Abesbatza (Gorka Miranda, director). Gloria Jieun Chol (soprano), Ah-Kyung Lee (mezzosoprano), Johoon Son (tenor), Matthias Goerne (barítono).
Coro Easo
Al compositor de los Estados Unidos de América del Norte, John Adams (Massachusetts, 1947), se le encargó la escritura de una obra que basó en partes del poema The wound-dresser (El curandero de heridas) de Walter Whitman, enfermero voluntario en la guerra civil norteamericana. Adams compuso la obra para un barítono y orquesta de cámara. Con una duración que, en la presente ocasión, fue de 23 minutos. Estamos ante un trabajo encuadrado en la corriente postminimalista que se asentó durante la sexta y séptima decena del siglo XX en la nación del compositor.
La sonora reiteración armónica de la obra, sin apenas apoyo de melodía y con un canto que va por libre sin conexión alguna con la música resultó, a juicio de quien escribe, un grossen ladrillen. El público aplaudió con respeto pero sin mayor expresividad. El orgánico orquestal ejecutante no fue de los conocidos como ‘de cámara’, amén de que se le incorporó un piano eléctrico (¿?). Matthias Goerne emitió su poderosa voz con el apoyo visual permanente sobre la partitura.
La búsqueda de la libertad en el ser humano, como sustento vital de su existencia, fue el permanente hilo conductor de la vida del Divino Sordo de Bonn, a través del que alcanzó su particular ocho mil con la Sinfonía nº 9 en Re menor, Op. 125 – Coral cuando entre 1822 y 1824, ya con perdida total del oído, puso música a esta sublime genialidad, contando con la adaptación del poema An die Freude [“A la alegría”] del poeta Friedrich von Shiller y con texto adicional del propio Beethoven.
Jaap van Zweden impuso disciplina desde el principio incluso cuando en el primer movimiento, Allegro ma non troppo, los violines I y II adquirieron un alto volumen sonoro encapotando a violonchelos y contrabajos. ¿Qué cuajo de enamoramiento espiritual tendría Beethoven cuando escribió la delicia del movimiento tercero Adagio molto e cantábile? Lo cierto es que la batuta, en esta ocasión, apostó por la extrema sutileza sonora embridando al auditorio en un clímax de plena seducción amorosa.
Las cuatro voces solistas llegaron al sobresaliente. Tanto la soprano Choi como la mezzo Lee mostraron el poder de sus bien timbradas y generosas voces. Matthias Goerne, en tesitura de bajo/barítono, construyo el perfecto impacto vocal en el cuarto movimiento Finale: Presto con el tronante iniciático O Freunde, nich diese Tone! … Freude! Freude! [“¡Oh amigos, no esos tonos! … ¡Alegría, alegría!”]. Netamente lírica es la preciosa voz del tenor Ji Hoon Son -ganador del Concurso Internacional de Canto Monserrat Caballé- como así lo demostró en su solo Froh, wie seine Sonnen fliegen [“Alegres como vuelan sus soles”].
El verdadero sobresaliente laureado estuvo en las voces de las sopranos y altos del coro que mostraron un empaste digno de total agradecimiento, dotadas de un brillo fonal lleno de sutilezas y con las modulaciones perfectas cada vez que fueron marcadas desde el podio. Gran aportación de Abesbatza Easo a esta novena beethoveniana, que fue reconocido por el público con una atronadora ovación.
Estimado lector, amable señora, llenen su espíritu de paz escuchando esta belleza musical y, luego, acudan a la oportuna plataforma informática digital para ver la película Copying Beethoven dirigida, en 2006, por la directora polaca Agnieszka Holland, en la que el actor Ed Harris hace una excepcional recreación del genial Ludwig. Por favor, sean felices. Manuel Cabrera
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