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«Timeless»: La declaración de amor de Marianela Núñez al Royal Ballet

PorBalletin Dance

Ago 6, 2026

Marianela Núñez protagonizó el inicio de la temporada estival de The Royal Ballet de Londres con el espectáculo «Timeless», una oda de amor a la prestigiosa compañía británica a la que está ligada profesionalmente desde hace casi treinta años. Dividida en tres actos y con una duración que rondó las tres horas, el espectáculo organizado por la propia estrella argentina se asemeja a un ‘triple bill’ o programa de tres piezas cortas, con la única diferencia que el segundo acto estaba compuesto por una selección de célebres pasos a dos de corte clásico y neoclásico, cuya presencia nutre el repertorio usual de las galas de ballet. La puesta en escena se redondeó con la música en directo interpretada por la orquesta Royal Ballet Sinfonia, bajo la batuta de Paul Murphy, salvo alguna pequeña excepción con los temas correspondientes a las piezas neoclásicas.

«Marguerite and Armand», bailarines principales Marianela Núñez y William Bracewell. Ph: Maria-Helena Buckley 2026.

A la hora de confeccionar el programa, Núñez ha buscado homenajear los rasgos más distintivos de la idiosincrasia de The Royal Ballet a través de la elección de piezas singulares de sus coreógrafos totémicos, Sir Frederick Ashton y Sir Kenneth MacMillan, y de creadores más actuales de la casa, como Sir Wayne McGregor y Christopher Wheeldon. Pero también se intuye un implícito homenaje a la Prima Ballerina Assoluta Margot Fonteyn y al legendario Rudolf Nureyev, inmortal pareja que regaló noches de gloria en la Royal Opera House, como con el célebre paso a dos de «Le Corsaire» o con «Marguerite and Armand», ambas piezas dentro del programa de «Timeless».   

«In The Night», bailarines principales Fumi Kaneko y Vadim Muntagirov. Ph: Maria-Helena Buckley 2026.

Con el aforo completo de la Royal Opera House de Londres, la matinée del domingo cerró con brillantez las cinco funciones de «Timeless». El primer acto estuvo dedicado al ballet «In The Night» (1970), creado por Jerome Robbins para New York City Ballet sobre varios nocturnos de Frédéric Chopin, y que representa a tres parejas en diferentes fases de su relación. La primera pareja simboliza el romanticismo y fue interpretada con elegancia por los bailarines principales Vadim Muntagirov y Fumi Kaneko, curiosamente recién casados en la vida real. Ataviados en tonos lilas, su danza evoca el enamoramiento, la idealización de los inicios de una relación y la entrega mutua sin fisuras. La segunda dupla representa la madurez, el respeto mutuo y los sutiles desencuentros en un amor consolidado. La bailarina principal Mayara Magri interpretó con gran fuerza y rotundidad a esta fémina, eclipsando por su energía a su partenaire, el primer solista Lukas B. Brændsrød.

«Infra», bailarines principales Akane Takada y Calvin Richardson. Ph: Maria-Helena Buckley 2026.

Pero el espectáculo estaba concebido por y para Marianela Núñez y nada más pisar el escenario, el público regaló los primeros aplausos a la estrella argentina. A sus 44 años, Núñez disfruta de una espléndida madurez sobre los escenarios, con la tranquilidad que da saber que no tiene nada más que demostrar. Esa serenidad se convierte en fortaleza para abordar sin menor resquicio de duda a la pasional mujer del tercer dueto, un torbellino de amor y odio, con arrebatos, giros constantes y elevaciones llamativas y tempestuosas. El también bailarín principal Matthew Ball ejerció de partenaire ante el remolino de pasión y técnica de Núñez. En la escena final, las tres parejas se reúnen bajo el cielo estrellado en una bella imagen de las tres etapas del amor con los intérpretes masculinos elevando a sus parejas fuera del escenario.

«After The Rain», bailarines principales Fumi Kaneko y Lukas B. Brændsrød. Ph: Maria-Helena Buckley 2026.

El segundo acto fue como una especie de menú degustación: cinco pasos a dos, intercalando clásicos y neoclásicos. En cierta manera, es como si Marianela Núñez hubiera querido confeccionar una pequeña gala de ballet al uso. Arrancó el acto con el célebre paso a dos de «Le Corsaire» (1856), en la versión de Marius Petipa y con música de Riccardo Drigo, que sirvió para reunir de nuevo sobre las tablas del teatro de Covent Garden a la pareja artística de largo recorrido formada por Núñez y Muntagirov, lo que cosechó una importantísima salva de aplausos. La reconocida técnica estándar de oro de la estrella argentina brilló especialmente en este paso a dos, en el que dio muestras de su aplastante seguridad en equilibrios y giros. Sin embargo, Muntagirov fue más rácano en la exhibición de su destreza técnica. El segundo dúo pertenece a «Infra» (2008), de Sir Wayne McGregor, una obra abstracta con música de Max Richter, cuyo objetivo es ahondar en las emociones ocultas del ser humano bajo la superficie de una gran ciudad. Los bailarines principales Akane Takada y Calvin Richardson funcionaron como el engranaje de una maquinaria bien engrasada, si bien este tipo de dúos es el prototipo de piezas de gala, estas obras resultan tan fáciles de ver como de confundir entre sí por su notable similitud.

«Romeo y Julieta», bailarines principales Mayara Magri y Matthew Ball. Ph: Maria-Helena Buckley 2026.

El tercer fragmento procedía de la lectura que Sir Kenneth MacMillan hizo sobre la tragedia shakesperiana «Romeo y Julieta» (1965). Mayara Magri se metió en la piel de la joven Capuleto, mientras que Matthew Ball hizo lo propio en el rol del enamorado Montesco, en el célebre paso a dos del balcón, aunque paradójicamente este elemento faltara en escena. Cuánta emoción puede sentir una joven ante su anhelado primer beso y cuánto se le puede erizar el vello al espectador al oír los primeros acordes de la música de Prokofiev. Todo este cóctel de emociones quedó condensado en uno de los mejores pasos a dos de la función. Si «Romeo y Julieta» era el amor ingenuo, instintivo y puramente emocional, el paso a dos de «After The Rain» (2005) evoca la paz, la melancolía y la quietud. Aunque forma parte de un ballet más extenso, su alabada belleza sobre la música minimalista de Arvo Pärt le ha dado entidad individual y lo ha convertido en una apuesta segura en el repertorio de galas. En esta ocasión, «la carta de amor» que coreografió Christopher Wheeldon para Wendy Whelan y Jock Soto, del New York City Ballet, fue corporeizado por Fumi Kaneko y Lukas B. Brændsrød. El broche de oro a esta selección de dúos vino con «Tchaikovsky Pas de Deux» (1960), de George Balanchine sobre partitura, cómo no, de Tchaikovsky. Acompañada por el bailarín principal Patricio Revé, Núñez desgranó la quintaesencia de la pieza balanchiniana, con una seguridad aplastante en equilibrios, fouettés y portés, estando en todo momento muy bien secundada por el cubano, estrella en alza en la actualidad.

«Marguerite and Armand», bailarines principales Marianela Núñez y William Bracewell. Ph: Maria-Helena Buckley 2026.

El último acto estuvo protagonizado por «Marguerite and Armand» (1963), una especie de suite de «La Dama de las Camelias» con música de Franz Liszt, que Sir Frederick Ashton concibió para el exclusivo lucimiento de Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev. En el lecho de muerte, la cortesana Marguerite recuerda su primer encuentro con Armand, la ruptura para evitar un escándalo familiar, y el reencuentro antes de que ella perezca por la tuberculosis. La madurez artística es un requisito indispensable para asumir el rol protagonista de la obra y de ella está sobrada Marianela Núñez, quien supeditó su reconocida técnica al dramatismo propio del personaje, siendo su contrapunto el bailarín principal William Bracewell, en la piel de Armand. Además, Christopher Saunder interpretó al padre del protagonista masculino, Aiden O’Brien al duque, y Olivia Findlay a la criada. No obstante, la acción y el drama se concentra en el eje Núñez-Bracewell y su sentida interpretación consiguió emocionar al público.

En una espléndida y pletórica madurez artística, Marianela Núñez mostró sobre las tablas sus mimbres como estrella que está marcando una era en The Royal Ballet, una de las cinco compañías de ballet más importantes del mundo. La elección de piezas rezuma amor por la compañía que le lanzó al estrellato en el firmamento del ballet y emerge como un sentido homenaje de la incombustible estrella argentina a la escuela inglesa de ballet donde se forjó. El público disfrutó de su particular tributo a la prestigiosa compañía británica, festejó cada una de sus apariciones escénicas, vibró con el programa seleccionado, unas veces más y otras menos. Puesto en pie, gratificó a la artista con una salva de aplausos de diez minutos, un tributo con ecos de eternidad para una Marianela Núñez que ya ha alcanzado su lugar en la historia de The Royal Ballet y, en definitiva, en el Olimpo de la danza.