IMPECABLES CONSTRUCCIONES
Obras de Walton y Rajmáninov. Frank Peter Zimmermann, violín. Orquesta Nacional. Director: David Afkham. 16 de octubre de 2026.
David Afkham
Hacía tiempo que no aparecía en el cartellone de la Nacional la procelosa Sinfonía nº 2 de Rajmáninov, obra extensa, que en esta ocasión se ha interpretado en su versión completa, lo que ha dado pie a apreciar de manera muy directa el estado de forma de la Orquesta para enfrentarse a un obra de envergadura y el grado de preparación, comprensión y claridad de comunicación entre el conjunto y su director titular hasta hace escasas semanas, David Afkham.
La Sinfonía, para muchos más bien plúmbea, tiene sin embargo aspectos constructivos de interés y revela especiales dotes para la orquestación, la variación y la regulación de un material que en ocasiones se va definiendo progresivamente. Presenta una estructura que podríamos considerar rapsódica, eventualmente meliflua, torrencial y repetitiva, demostrativa de la poderosa inspiración melódica e instrumental de su creador y también de sus limitaciones estructurales y de su falta de sentido de la medida. Desde el principio, con la tan elocuente y lenta introducción de las calurosas cuerdas sostenidas por una línea de bajos más bien ruda, escuchamos las distintas ideas temáticas, con clímax excelentemente conseguidos. Y curiosas y refinadas soluciones, como ese sutil pianísimo operado antes del regreso, ya en la parte postrera, del principal y pegadizo tema melódico.
El segundo movimiento, Allegro molto, un ágil y rotundo, chispeante y travieso Scherzo, una suerte de perpeetum mobile, y el Adagio, que pide una exposición sin dengues y posee un lirismo de buena ley, dan paso a un Finale radiante que va tomando cuerpo paulatinamente. En él, de manera inteligente, va apareciendo insensiblemente el recuerdo de la hermosa frase del tiempo anterior. Este último movimiento ha sufrido frecuentemente criticables podas, que aquí parece que desaparecieron. Seguimos la clara, bien intencionada y a ratos apasionada recreación de Afkham, que tuvo buen cuidado de perfilar de forma precisa, ondulante y generosa la frase clave.
La cuerda se exhibió generosamente en su trabajo sobre el ágil tema de ocho notas que define el segundo tiempo. El Adagio se ofreció, como está mandado, ondulante y melodioso, con estupendo protagonismo del clarinete. Las volutas, las ondulaciones, tan caras al compositor, se expusieron si dengues Movimientos bien estudiados y realizados de sístole-diástole. Todo se desarrolló con naturalidad y buena letra, demostrativas de la entente entre maestro y orquesta, aunque nos pareció que en el tourbillon final de la composición las fuerzas se desmandaron un poco.
En la primera parte el conjunto acompañó con buen tino al excelente violinista que es Franz Peter Zimmermann, bien conocido entre nosotros, que demostró una vez más su temple, su afinación, su dominio del spicatto, el valor de la cuarta cuerda, su fraseo generoso en el poco frecuentado Concierto de Walton, una obra que ya muestra la segunda manera del compositor inglés, en unos años (1938-39) en los que había dejado ya de ser, como nos dice en sus autorizadas notas al programa Mario Muñoz, un enfant terrible y miraba a la música de manera más amable. El Concierto, desarrollado sobre muchas ideas, no siempre razonablemente ligadas, con singular alusión a temas de origen italiano, como revela el título del segundo movimiento (Presto capriccioso alla napolitana), tuvo una interpretación de altura en la que echamos en falta un mayor caudal sonoro por parte del solista. Él y la Orquesta nos regalaron el final una transcripción del famoso Lied Träume de Wagner; que realmente no aporta gran cosa al original. Arturo Reverter
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