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Crítica: Egipto y Granada, el Oriente soñado. Aida en el Festival de Granada

PorBeckmesser

Jul 14, 2026

Egipto y Granada, el Oriente soñado. Aida en Granada

75 Festival de Granada. Palacio de Carlos V. Aida, de Giuseppe Verdi. Olga Maslova (Aida), Francesco Meli (Radamés), Ketevan Kemoklidze (Amneris), Fabián Veloz (Amonasro), Manuel Fuentes (El Rey), Inho Jeong (Ramfis), Néstor Galván (Mensajero), Patricia Calvache (Gran Sacerdotisa). Coro del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director del coro: Íñigo Sampil. Director Musical: Dominic Limburg.

Egipto y Granada, el Oriente soñado. Aida en Granada75 Festival de Granada. Palacio de Carlos V. Aida, de Giuseppe Verdi. Olga Maslova (Aida), Francesco Meli (Radamés), Ketevan Kemoklidze (Amneris), Fabián Veloz (Amonasro), Manuel Fuentes (El Rey), Inho Jeong (Ramfis), Néstor Galván (Mensajero), Patricia Calvache (Gran Sacerdotisa). Coro del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Director del coro: Íñigo Sampil. Director Musical: Dominic Limburg.

Escena. Foto: Festival de Granada

Hay veces en las que la ausencia de escena ayuda a concentrar la esencia del drama musical, sobre todo cuando se trata de Verdi, que plantea sobre el terreno meramente musical toda la dramaturgia teatral. Es el caso de esta Aida que, procedente del Teatro de la Maestranza, donde ha sonado hace menos de un mes, no necesitó del ropaje escénico para concentrar todo su meollo teatral en una versión cargada de energía narrativa.

En primer lugar gracias a un Dominic Limburg con una batuta cargada de energía narrativa, capaz de los matices delicados en el inicio del preludio, en el arranque de la escena junto al Nilo o en el acto final, pero también de la carga violenta de la evocación de Amonasro de la destrucción de Etiopía por los egipcios o de las escenas más trágicas durante el juicio a Radamés, con acentos cargados de fuerza trágica.

La orquesta sevillana lo siguió con exactitud, con fraseo flexible (perfectas las cuerdas en pianissimo al principio y final de la ópera) y empaste envidiable toda la noche. Al igual que el coro, capaz de las sutilidades del canto sotto voce a capella de las voces masculinas en el acto segundo igual que en los pasajes triunfales o en los fuera de escena del acto final.

La Aida de Olga Maslova fue una intérprete íntegramente implicada en la expresividad de su canto. La voz es plenamente lírica, con perfecta técnica de proyección y con un fraseo muy atento a cada inflexión y a cada matiz gracias al uso de los reguladores, como se pudo disfrutar en el final de “O patria mia”, con un agudo final sostenido largamente en pianissimo.

Francesco Meli es un tenor de bravura italiano a la antigua, con una voz vibrante, proyectada con generosidad y un fraseo cargado de intensidad dramática en cada acento. No dudó en recurrir a las medias voces o incluso al falsete en algunos pasajes comprometidos de las primeras frases de “Celeste Aida”, pero en momentos más dramáticos, como en “Sacerdote, io resto a te”, exhibió un canto heroico y squillante de la mejor ley que nos recordó a los grandes tenores del pasado.

Tenemos muy fresca la Amneris de Ketevan Kemoklidze del sevillano Teatro de la Maestranza de hace menos de un mes y hay que señalar que aquí, sin las distracciones de la puesta en escena, concentró la carga dramática de su personaje de una manera impresionante. No necesita de la escena para transmitir con su canto y su fraseo toda la emoción y la pasión de su personaje, sobre todo en un acto tercero en el que se vació de forma impresionante en la emotividad de un canto cargado de fuerza dramática y con una voz cuajada de tintes oscuros y acentos acongojantes.

Es un auténtico animal escénico que no necesita de escenografía ni escena para vestir al personaje en su integridad teatral. Fabián Veloz, de voz contundente, prestó un fraseo algo rudo muy apropiado al personaje de Amonasro, con momentos muy contundentes como la descripción de los futuros desastres en Etiopía a manos de los egipcios si Aida no conseguía de Radamés la ruta de ataque.

Del resto del reparto cabría destacar la voz siempre eficaz de esa inagotable cantera de bajos coreanos que es Inho Jeong; la aún más profunda pero también clara e inteligible de Manuel Fuentes, el brillo y la fuerza expresiva de Néstor Galván como Mensajero (algo poco usual para este efímero personaje) y la belleza tímbrica y la nitidez de la voz de Patricia Calvache como la Gran Sacerdotisa.

Andrés Moreno Mengíbar

(Fotografía: Festival de Granada)

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