“Estupendísimo, sobrecogedor”
Palau de la Música. Concierto extraordinario. Wagner: Fragmentos de El Anillo del Nibelungo. Solistas: Catherine Foster (soprano), Klaus Florian Vogt (tenor), Nicholas Brownlee (bajo-barítono). Orquesta Titular del Festival de Bayreuth. Director: Pablo Heras Casado. Lugar: Palau de la Música de València. Entrada: 1.781 espectadores (lleno). Fecha: domingo, 6 septiembre 2026.
Imagen de la Orquesta del Festival de Bayreuth en el Palau de la Música de València
“Estupendísimo, sobrecogedor”. Alguien escribió al crítico apenas resonaron los últimos compases del concierto histórico en el que la Orquesta del Festival de Bayreuth se presentó el domingo en el Palau de la Música de la muy wagneriana ciudad de València.
Efectivamente, fue así. “Estupendísimo” por la calidad de una orquesta que no tiene parangón en estas lides wagnerianas. También por el gobierno fervoroso de un maestro como el granadino Pablo Heras Casado, quien ha puesto una pica en Flandes en el mismo corazón de la obra del creador del Anillo del Nibelungo: el mítico Festspielhaus de Bayreuth. Y, ciertamente, “sobrecogedor”, por el impacto emocional que siempre despierta en el melómano cualquier gran interpretación de esa obra de arte inmensa y absoluta que es El anillo del Nibelungo, donde Wagner cristaliza su idea de la Gesamtkunstwerk (obra de arte total).
Ha sido precisamente con una bien diseñada selección de los cuatro títulos que integran la inmensa Tetralogía con la que la legendaria orquesta alemana ha recalado en València para protagonizar uno de los conciertos más relevantes de sus anales. Como no podía ser de otro modo en una ciudad que ha albergado proverbiales tetralogías en sus dos Palaus, el de la Música presentaba el lleno absoluto fue propio de las grandes ocasiones, y se rubricó con una ovación interminable y encendida, ad hoc con el acontecimiento y la entidad de lo escuchado.
Pablo Heras Casado lleva a Wagner en vena. Lo ha mamado, rumiado, idolatrado y gozado. Desde su modo de dirigir, tan singular y heterodoxo, ahora ya con batuta, se mete en la piel y la víscera wagneriana sin retóricas ni elucubraciones. Más desde el alma, el instinto y el amor que desde postulados empíricos o modelos establecidos.
Wagner en carne viva. Sin vericuetos y quizá sin filosofías ni historias. Directo, franco, transparente: como la palabra de Brunilda, como el agua del Rin. Y lo hace con desparpajo y un dominio en el que late su vasta experiencia wagneriana, forjada y aplaudida en Bayreuth, sí, pero también en la Ópera de Viena, en la de París o en el mismo Teatro Real. Un viaje que comenzó con un asombroso Parsifal en Badajoz, a orillas del Guadiana, y recalará de nuevo en Bayreuth, donde en 2028 dirigirá una nueva producción de El Anillo del Nibelungo,
El “sonido” Bayreuth es irrepetible y exclusivo de la acústica única de su Festspielhaus, el teatro que edificó el mismo Wagner para albergar su propia música. Fuera de Bayreuth, de su legendario y sumergido “foso invisible”, la orquesta suena rotundamente distinta. Con más decibelios y mayor presencia sinfónica. De ahí que al tocar en una acústica tan distinta y sinfónica como la del Palau de la Música, su sonoridad lejana adquiera una presencia y relieve que obliga a un particular cuidado en las dinámicas y equilibrio con las voces. Por fortuna, no ha nacido orquesta en el mundo que pueda ensombrecer el poderío y proyección de los tres formidables solistas vocales de esta tarde para la historia.
El director Pablo Heras Casado
Acaso fue este el único Talón de Aquiles de un concierto, que por lo demás, rozó el ideal. La Orquesta de Bayreuth sonó tan “estupendísimamente” como siempre, con una cuerda sedosa y maravillosamente empastada; unos vientos -no solo los metales- precisos, afinados y de sobresalientes calidades: desde flautas, oboes y clarinetes en los Murmullos del bosque, a un perfecto trompa solista, que, como todo el resto de sus compañeros de sección, brilló en la Llamada de Siegfried y en todas sus muchas y fundamentales intervenciones.
Timbales, percusión en su conjunto y arpas redondearon tan unánime excelencia instrumental. En la memoria, quedan grabados pasajes sinfónicos como El viaje de Siegfried por el Rin, la Música fúnebre de El ocaso de los dioses o la vitoreada Cabalgata de las valquirias que tocaron como regalo, fuera de programa.
Naturalmente, la Orquesta del Festival de Bayreuth ha llegado acompañada por la flor y nata del actual canto wagneriano. Tres cantantes universales como la soprano inglesa Catherine Foster, el tenor alemán Klaus Florian Vogt y el bajo-barítono estadounidense Nicholas Brownlee, quien ya dejó constancia de su alcurnia wagneriana en València, en marzo de 2025, cuando protagonizó en el Palau de les Artes un referencial Holandés errante.
Fue precisamente Brownlee el triunfador de este trío de ases que envidiaría cualquier teatro, con el más impactante y poderoso Wotan en las “sobrecogedoras” escenas finales de El oro del Rin (“Abendlich strahlt der Sonne auge”) y de La Valquiria (“Leb wohl du kühnes herrliches Kind”). La voz timbrada, bellísima, blanquecina, más lírica que spinto e inteligentemente gestionada del tenor Klaus Florian Vogt fue, desde estos presupuestos, efusivo y entonado Siegmund (“Ein Schwert verhiess mir der Vater”), y dramático y dramatizado Siegfried, que dejó a todos con un nudo en la garganta en la “sobrecogedora” escena de “La muerte de Siegfried”.
Antes, en el radiante dúo final de Siegfried, Vogt derrochó pundonor, estilo, maneras y saberes vocales junto con Catherine Foster, artista de solera y wagneriana irrebatible, pero a la que los años comienzan a asomar en un registro medio que queda casi inadvertido. En cualquier caso, su categoría y raigambre se impusieron en el prodigio último de la “Inmolación de Brunilda”, en la que se benefició de la complicidad de un Heras Casado que la arropó y abrazó hasta la ultimísima nota.
Fue la última maravilla de esta “estupendísima y sobrecogedora” orgia wagneriana en la que, a la sombra de Bayreuth, la afición valenciana se reencontró con lo mejor de su memoria. De Zubin Mehta a Manuel Galduf, de Juha Uusitalo a James Morris. Del Palau de les Arts al Palau de la Música…
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