Sonaron las primeras notas del teclado y llegó la voz prodigiosa de María José Llergo. Todos la escuchaban en la Sala Gayarre del Teatro Real de Madrid, pero la de Pozoblanco no estaba sobre el escenario. Con las cabezas giradas, los suscriptores buscaban a la artista. Apareció al final de la sala, descalza, con la melena suelta y un vestido rojo de grandes volantes, mientras interpretaba Mala mía, sencillo de su nuevo trabajo, El juego.