En 2005, el veterano maestro israelí Pinchas Steinberg revolucionó el foso del Teatro Real con unas funciones magistrales de La mujer sin sombra, de Richard Strauss. Entonces realizó abundantes ensayos y diversas pruebas acústicas, hasta el punto de pedir que se retiraran los cortinajes de los palcos para ganar brillo y nitidez en una orquesta de 130 músicos. Cinco años después regresó para dirigir, con idéntico éxito, La ciudad muerta, de Erich Wolfgang Korngold. Pero su mayor desafío orquestal lo ha afrontado ahora, con 80 años recién cumplidos, ante una partitura tan fascinante como excesiva en lo sinfónico: Ariadna y Barbazul, de Paul Dukas.