12 de abril de 2024

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Argentina

Critica: Plensa y su poco escultórico «Macbeth» Liceísta

Plensa y su poco escultórico ‘Macbeth’ liceísta

Escena de «Macbeth»

Hay que felicitar a la dirección artística del Gran Teatro del Liceo por apostar por los artistas del país, como sucede en esta ocasión con el escultor Jaume Plensa que debutaba como director de escena con el Macbeth verdiano. El artista barcelonés de fama internacional, con proyectos de gran calado en ciudades de todo el mundo, cuya obra no ha contado con una presencia notable en su ciudad natal, algo que curiosamente está cambiando gracias a espacios musicales de tanto prestigio como el Palau de la Música Catalana, que le dedicó una exposición en 2016 y que desde entonces permanece ante su fachada su escultura Carmela (2015), mientras que el Liceo instalaba sus Constelaciones (2022) en los porches de entrada. El Gran Teatro, además, expone durante las funciones de Macbeth un grupo escultórico de tres figuras humanas iluminadas sobre una alfombra de cerezas en el Salón de los Espejos.
Plensa ya había trabajado con éxito en ópera realizando escenografía y vestuario para montajes de La Fura dels Baus, pero esta era la primera incursión como director de escena, escenógrafo y autor del vestuario, producción en la que sorprendió que el artista no enmarcase la trama más claramente en sus estructuras escultóricas y solo utilizase su imaginería en algunas escenas, como hizo con ese ser construido sobre la base de símbolos y letras que sirvió como excelente atalaya para el encuentro con las brujas de Macbeth y Banquo en la primera escena y en la del asesinato del segundo. La recreación de El corazón de los árboles en la escena del ballet, tres grandes cabezas doradas de niñas como trasfondo del tercer acto y en parte del último, con un etéreo mosaico de cabezas infantiles suspendidas en el aire fueron momentos plásticamente estelares: puro Plensa, quien había explorado esta obra de Shakespeare desde hace décadas en su obra escultórica.En el resto de las numerosas escenas el flamante artista optó por grandes espacios vacíos, solo salpicados por el rico vestuario de los protagonistas, en unas escenas silenciosas en lo escénico que contaron con la excelente iluminación de Urs Schönebaum y que dejaban fluir la música de Verdi como gran protagonista.
En conjunto se trató de una propuesta un tanto irregular a causa de una falta de mayor conjunción en una obra compleja, con unas escenas dispares que no mostraron un entramado común y con una dirección de actores un tanto errática a pesar de la ayuda de Leo Castaldi, con momentos poco convincentes como la llegada del Rey Duncan o la batalla final, a pesar de la inspiración kabukiana de esta última. Desde el punto de vista musical destacó la lectura de Josep Pons de la magistral partitura verdiana, que fue a más en los dos últimos actos y muy especialmente en el ballet. El maestro contó con reparto de gran nivel, con un Luca Salsi de voz amplia, bien proyectada y de excelente dicción de principio a fin junto a una Lady Macbeth de portentosos agudos, gran credibilidad dramática y un tanto forzado registro grave a cargo de Sondra Radvanovsky. Por su parte Erwin Schrott ofreció un Banquo de gran prestancia y solidez vocal, mientras que Francesco Pio Galasso fue solo un correcto Macduff. Notables tanto Gemma Coma-Alabert en el papel de la Dama de Lady Macbeth y Fabian Lara, de voz luminosa y bien proyectada como Malcolm, e interesante la prestación de David Lagares en sus múltiples pequeñas intervenciones. La propuesta, desde el punto de vista estrictamente teatral, no acabó de funcionar en su conjunto, pero que fue aplaudida con cierto entusiasmo y gran respeto por un público que llenaba el Liceu hasta la bandera.  Fernando Sans Rivière

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