18 de mayo de 2024

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Argentina

Crítica: Madama Butterfly en Sevilla. Mariposa atómica

MADAMA BUTTERFLY (G. PUCCINI)

Mariposa atómica

Puccini: Madama Butterfly. Ermonela Jaho, Jorge de León, Damián del Castillo, Gemma Coma-Alabert, Moisés Marín, José M. Díaz, Pablo López. Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Dirección de escena: Joan Antón Rechi. Dirección musical: Alain Guingal. Teatro de la Maestranza, Sevilla, 3 de octubre de 2001

Jorge de León y Ermonela Jaho (c)MAestranza

Con la plenitud de su aforo por fin disponible, el Teatro de la Maestranza abrió su nueva temporada con la cuarta visita en su breve historia de esta “tragedia japonesa”. La producción de Rechi, realizada en su momento a medias entre el Festival de Perelada y la Deutsche Oper am Rhein, funcionó a la perfección en lo tocante a la dirección de actores, muy cuidada y con pleno sentido teatral. Tampoco chirrió el cambio de ambientación cronológica, con un primer acto inmediatamente antes de la bomba atómica sobre Nagasaki y los restantes tras el desastre nuclear. Asimismo, el primer acto se ubica en el consulado americano y no en la casita de la montaña, pero ello no supuso ningún menoscabo para el desarrollo del drama. El uso de una plataforma giratoria fue eficaz, sobre todo en el primer acto, con un momento de gran belleza visual cuando llega Butterfly con sus acompañantes entonando una de las más bellas melodías de la ópera. Iluminación oscura pero no mortecina.

Guingal no consiguió, sobre todo en el primer acto, establecer el necesario equilibrio entre el foso y las voces. Éstas sufrieron los excesos decibélicos y las menos poderosas, como las de Damián de Castillo, tuvieron problemas para hacerse oír. Algo más de control hubo en los dos restantes actos, pero con puntuales subidas de volumen de una orquesta cuyas cuerdas tuvieron momentos flojos en el fugato inicial y durante la lectura de la carta, en el que faltó tersura en el sonido. Fue, en general, una dirección musical de brocha gorda, poco refinada. Quien sí que estuvo fino fue el coro, especialmente las secciones femeninas, que realizaron una llegada de Cio Cio San realmente delicada, empastada y muy regulada y que firmó un coro a bocca chiusa realmente mágico.

Ermonela Jaho, al margen de los problemas con el foso ya mencionados, fue poco a poco metiéndose en el papel, con un primer acto frío y en el que se evidenció que la franja grave de la voz está construida artificialmente, cambia abruptamente de color y corre poco. Los parlatos estuvieron muy cuidados y fueron muy expresivos, pero a su voz, muy entregada en lo expresivo, le falta ese punto de brillo, esa italianità que hace que el sonido corra por toda la sala. Llegó realmente exhausta a la escena final, con la voz justa para acabar. El momento más conmovedor fue ese tremendo pasaje “Che tua madre”, en el que se adentró en los últimos rincones del dolor.

Sustituyendo a ultimísima hora al tenor previsto, Jorge de León hizo un Pinkerton rudo y sin delicadeza alguna. La voz fluía a borbotones, emitida con una técnica problemática que la hace bambolearse y moverse en las fronteras de la afinación. No fue capaz de apianar ni de frasear con delicadeza en el dúo del primer acto y se limitó a lanzar agudos como bombas en todo momento. Damián del Castillo sí que se plegó a los perfiles expresivos de su partitura, con riqueza de inflexiones y regulaciones en la lectura de la carta. Igualmente apropiada fue la voz de Coma-Alabert, densa y bien proyectada y con una actuación muy convincente. Bien Marín como un histriónico Goro y también Díaz y López como Yamadori y Bonzo respectivamente. Andrés Moreno Mengíbar

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