11 de abril de 2024

Radio Clásica

Argentina

Crítica: Ismael Jordi en el Tío Pepe Festival

Ismael Jordi en Jerez: homenaje a la tierra

Tío Pepe Festival. Ismael Jordi, tenor. Orquesta Sinfónica de Málaga. Director: Oliver Díaz. Obras de Verdi, Flotow, Massenet, Cilea, Giménez, Guerrero, Moreno Torroba, Sorozábal, López, Mariano, Márquez y Manuel Alejandro. Bodega Las Copas, Jerez de la Frontera, 20 de julio de 2023.

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Ismael Jordi en el Tío Pepe Festival

Como artista internacional de la tierra y que este año ha tenido su consagración internacional con su actuación en Metropolitan neoyorquino, el tenor Ismael Jordi ha sido fiel al Tío Pepe Festival que organizan desde hace años las bodegas González Byass. Como evento de masas, el programa tenía un poco de todo dentro del repertorio predilecto del cantante, con fragmentos de ópera, de zarzuela, de musical francés, de homenaje a Luis Mariano y también, cómo no, al compositor jerezano Manuel Alejandro.

Ismael Jordi ha alcanzado un momento excepcional de madurez y de musicalidad, en plenitud de dominio de todos los resortes técnicos y con una magnífica capacidad para transmitir con la voz todas las emociones contenidas en los fragmentos que cantó. Arrancó el bloque operístico con el aria “M’apparí” de la ópera Martha de Flotow, que le sirvió para dar una soberbia muestra de la elegancia de su canto, de la nobleza de su fraseo y la variedad de acentos y de reguladores. Todo lo cual se vio incrementado en el “Ah, fuyez douce image” de Manon y el “Lamento de Federico” de Cilea, donde conmovió con la morbidez de su fraseo en los recitativos, moldeados hasta el mínimo detalle y cantados a flor de labios con una naturalidad desarmante. En el caso de Cilea derrochó emotividad en los acentos dolorosos finales, con pleno dominio de la media voz. “Flor roja”, de Los Gavilanes estuvo tachonada de largas frases sostenidas con generosidad de fiato y rematadas con un Si bemol en pianissimo con la voz mixta de la mejor escuela krausista. La pureza lírica de “De este apacible rincón de Madrid” y la pasión, pero sin forzar ni empujar (como hacen casi todos los tenores”) de “No puede ser”, remacharon con plenitud de brillo la primera parte del programa.

Para la segunda se habían reservado sendos homenajes a Luis Mariano (que será el objetivo de su próximo recital en el Teatro Villamarta el 12 de octubre) y a Manuel Alejandro. La técnica aprendida con Alfredo Kraus le permite a Jordi sortear los famosos falsetes de Mariano mediante el recurso a la media voz y a la voz mixta, con todos los matices de colores y de dinámicas que Jordi sabe aplicar a su canto siempre elegante y romántico. Así, fue magistral su ataque inicial sobre la zona de paso, limpio y nítido, en “Rossignol de mes amours”, para desde ahí dejarse llevar por la languidez del fraseo, lo mismo que en “Violetas imperiales”, un sentido homenaje a la recientemente desaparecida Carmen Sevilla y en el que era una delicia ver cómo enlazaba las frases sin cesuras, con continuidad y con reguladores siempre llenos de sentido expresivo. Jordi viene desde hace un tiempo reivindicando las canciones de su paisano Manuel Alejandro que, escuchadas en una voz lírica, adquieren mayor estatura musical de lo que uno podría recordar. Algunas son auténticas canciones de concierto equiparables a las más famosas de un, por ejemplo, Paolo Tosti. Es el caso de “Se nos rompió el amor”, que cantada con todo el arsenal artístico de Ismael Jordi se convierte en una obra maestra. El público, como se puede imaginar, enloqueció en este bloque final tan jerezano.

El buen hacer de Oliver Díaz tuvo que pasar una dura prueba con la desastrosa Orquesta Sinfónica de Málaga, un conjunto de bolos incapaz del mínimo empaste. Con todos los problemas de la desastrosa amplificación que hacía que todo sonase a la lata y sin relieve y de la lamentable localidad asignada a la crítica (en el extremo más alejado del escenario y con un enorme altavoz delante), se pudo apreciar el sonido chirriante de los violines, los desajustes en las entradas y el sonido pueblerino de los metales. Con decir que lo mejor fue cuando Díaz acompañó al piano a Jordi en “Violetas imperiales” se dice todo. Andrés Moreno Mengíbar

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