10 de abril de 2024

Radio Clásica

Argentina

Crítica: Inauguración de temporada de Euskadiko Orkestra

Cuando el amor se embrida en un todo

Fecha: 2 de octubre. Lugar: Auditorio Kursaal, San Sebastián. Programa: Sinfonía nº 3, en Re menor, de Gustav Mahler. Solista: Justina Gringyte (mezzosoprano). Euskadiko Orkestra. Sociedad Coral de Bilbao, en coro femenino e infantil, directores: Enrique Azurza y José Luis Ormazabal. Director musical: Robert Treviño.

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Robert Treviño, Euskadiko Orkestra, Justina Gringyte

El melancólico amor errante, tan propio del alma hebrea y, por ende, en el tríptico de la realidad vitalista de Gustav Mahler ha hecho orilla en el Kursaal donostiarra, ofreciendo el disfrute de su Tercera Sinfonía, escrita durante los estíos de 1895 y 1995 en la localidad austriaca de Steimbach am Attersee, mientras libaba en los aromas sentimentales de su compañera Natalie Baur-Lechner a quien escribe el 18 de julio de 1896, en un momento de plena emotividad creativa: “¡Mi sinfonía será algo que el mundo nunca ha escuchado! ¡Toda la naturaleza tiene una voz en ella, contando secretos tan profundos que sospecho haberlos tenido durante un sueño! A veces me siento raro en determinados pasajes, como si no los hubiera conseguido en absoluto”.

Certera ha sido la iniciativa de Euskadiko Orkestra al abrir su temporada 23/24 con esta genialidad mahleriana que nunca deja indiferente. La orquesta institucional del Gobierno Vasco cuenta desde hace siete años con un cofre de esencias musicales que la ha elevado a importantes cotas, gracias a ir conformando un peculiar pellizco sonoro y una amalgama unificadora en pos de la alta cualificación, cuando está bajo su rectoría. Me estoy refiriendo a su actual director Robert Treviño. A sus 39 años es considerado en medios internacionales por su total solvencia. Sería un tremendo error permitir que, a causa de financiación, abandonase esta rectoría.

Su trabajo fue preciso -siempre- en los marcajes de los tiempos desde la batuta, a la par que contundente y elegante en las precisiones que significó con la mano izquierda, matizando siempre los planos sonoros con exacto ajuste a las modulaciones que obran en el papel pautado. Su lectura de la partitura fue brillante en una nítida comunicación con los músicos, mostrando una pureza de poderosa pasión en el cierre de esta sinfonía, dentro de la explosión sonora final del sexto movimiento, sublimando la fuerza tronante del amor que todo lo embrida, a modo de la perfecta radiografía del alma mahleriana.

Justina Gringyte mostró una voz de amplio espectro, bien acomodada, cantando el siempre esperanzador ‘Oh Mensch! Kiev Acht!’ (‘¡Oh, hombre! ¡Atento!‘) de ‘Así habló Zaratustra’ con plena seguridad y pureza de ataque, desde un registro central de generoso valor armónico, haciendo ver su claridad en la dicción y su técnica en la regulación del fiato. Su breve participación, en este cuarto movimiento, incluida la superposición sobre el coro en el quinto, dejó un nítido recuerdo, con deseo de volver a escucharla.

La Sociedad Coral de Bilbao cumplió con todos los requisitos exigidos por Mahler para esta sinfonía, tanto en formato como en precisiones tímbricas. Su canto en el quinto movimiento ‘Es ungen Drei Engel‘ (‘Lo que los ángeles me enseñan‘), perteneciente a los lieder Des Knaben Wunderhorn, con doble coro de niños y mujeres, aportó hermosas dosis de sentimiento expresivo, siendo fiel discípulo en las precisiones requeridas por Treviño.

Intencionadamente se deja para el cierre de esta valoración la importante actuación de la Euskadiko Orkestra, que se asentó en el palcoscénico en formato de gran orquesta, cumpliendo el diseño orgánico pautado por el compositor. Así se pudo constatar la poderosa y trotante entrada de la tuba y trombones (4) en el primer movimiento, siguiendo a lo largo de toda la obra con un perfecto empaste. Las trompetas fueron siempre el filo incisivo y penetrante en la trama armónica exigida. La sección de madera construyó un precioso tinglado de arbotantes que dieron solidez a todo el edificio sinfónico. En el segundo movimiento ‘Was mir die Blumen auf der Wiese erzählen’ (‘Lo que las flores del campo me enseñan‘), en tiempo de minueto, una lujuriosa y pacífica plasticidad pastoral corrió a cargo -tras la entrada de las ocho trompas en plenitud de solemnidad- en la sección de madera aportando hermosas dosis de fragancias sonoras. De entre las cuerdas sobre las que Mahler precisa que han de estar “en plantillas fuertemente nutridas”, como así ocurrió, permítaseme destacar (por inhabitual) el sugerente sostén melódico que transmitieron los ocho contrabajos, con su peso de gravedad. Sugerente -nunca excesiva- la labor en la distancia interna (In del Ferme aufgestellt, precisa Mahler) de la corneta de posta y de las cajas. Otro tanto éste que apuntar al buen hacer del podio. Manuel Cabrera

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