18 de mayo de 2024

Radio Clásica

Argentina

Crítica: Gemma New debuta con la Orquesta Nacional

Podio femenino

Obras de Dutilleux y Sibelius. Jean-Guihen Queyras. Orquesta Nacional. Directora: Gemma New. Auditorio Nacional, 8 de octubre de 2023.

Gemma-New-y-Jean-Guihen-Queyras.-OCNE

Gemma New y Jean-Guihen Queyras. OCNE

La presencia en el podio de la Nacional esta semana de la neozelandesa Gemma New (1986) es un ejemplo más de la importancia que de unos años a esta parte ha adquirido el género femenino en una actividad que no hace mucho estaba prácticamente reservada a los varones. El trabajo en las últimas décadas de profesionales como Marin Alsop, Simone Young, Nathalie Stutzman o Alondra de la Parra, por citar cuatro nombres, ha sido fundamental. Para que también en España hayan aparecido y sigan haciéndolo damas dignas de situarse frente a un conjunto sinfónico. Ahí tenemos, por mencionar solo tres representativas, a Isabel Rubio, Virginia Martínez o Silvia Sanz.

New frecuenta la Sinfónica de St. Louis, lo mismo que la de Dallas, de la cual es directora invitada desde 2019. En marzo de 2021 se le concedió el Premio Georg Solti. Y ese mismo mes debutó en nuestro país al frente de la Sinfónica de Euskadi. Tiene ya por tanto experiencia en el “métier”, y lo ha demostrado en esta ocasión al frente de la ONE. Se mueve mucho, quizá en exceso, pero lo hace con giros elegantes y armoniosos. Batuta en todos los planos, constante agitación de un lado a otro, gesto muy concentrado y acierto en la subdivisión.

La ONE tocó a gusto, bien engrasada y equilibrada en sus familias, y siguió los ademanes de la maestra logrando en el “Concierto para chelo” de Dutilleux,Tout un monde lointain…”, sutiles pianísimos en expresivo diálogo con el magnífico instrumentista que es el franco-canadiense Queyras, que maneja con sapiencia y musicalidad un chelo Gioffredo Cappa de 1696. No es el suyo un sonido especialmente voluminoso, pero tiene cuerpo y densidad. El contrastado discurso atonal de ecos expresionistas, con exigentes momentos de alto virtuosismo y pasajes nada fáciles en la zona aguda, fue servido sin problemas, con seguridad y exquisitez, por el chelista, ágil, minucioso, concentrado. Ante los muchos aplausos regaló el “Preludio” de la “Suite nº 6” de Bach.

La espectacular “Sinfonía nº 2” de Sibelius cerró la interesante sesión. Obra calificada de “patriótica”, algo que el compositor no compartía, es una muestra muy cumplida de la potencia creadora del músico finlandés y de su habilidad para construir un tejido cíclico cuajado de alternativas, de colores, de ecos populares. La delicadeza de trazo se combina en ella con la agreste elaboración y la inusitada brillantez de ciertos pasajes. Silencios estratégicos, frases majestuosas, cantos de las maderas conducen a un brillantísimo Final que nos levanta del asiento y que fue bien preparado -y “bailado”- por la volandera batuta, que consiguió una excelente prestación del conjunto sinfónico.

New edificó momentos de excelente nivel, por ejemplo, en el “Andante”, donde se estableció un estupendo contraste entre la perorata de los metales y las frases líricas. El timbal de Joan Castelló estuvo a gran altura. La transición del “Vivacissimo” al “Finale” pudo ser más clara, lo mismo que el tejido sinfónico de los compases postreros, en los que casi siempre las maderas quedaron sepultadas en el tráfago. No es mala idea doblarlas, y algunos maestros lo hacen. Con todo se llegó al término con las fuerzas intactas. La esbelta y gentil directora-danzante no se descompuso en ningún momento y pudimos por ello aplaudir el cierre victorioso con el que, como aseguraba el gran director Robert Kajanus, citado en las excelentes notas de Eva Sandoval, quedaban instauradas las “perspectivas esperanzadoras del futuro». Arturo Reverter

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