Brunello y Avdeeva revindican “La verdad en la música”
IV FESTIVAL ATRIUM MUSICAE. Mario Brunello (violonchelo), Yulianna Avdeeva (piano). Obras de Beethoven, Ustvólskaya, Weinberg y Shostakóvich. Lugar: Cáceres, Gran Teatro. Fecha: 29 enero 2026.
Brunello y Avdeeva en el festival cacereño
Foto: Sandra Polo
Consolidado como la cita más relevante del invierno musical español, el cacereño festival Atrium Musicae ha comenzado su cuarta edición en la ciudad extremeña con un programa que marca la tónica de unas jornadas de excelencia en las que “la verdad en la música” (Shostakóvich) se impone sobre el triunfo coyuntural de lo fácil.
Javier Perianes -artista residente en la actual edición-, el clavecinista y organista Benjamin Alard o el barítono Florian Boesch son algunos de los nombres que certifican la exigencia artística impuesta por el alma mater de Atrium Musicae, el incombustible Antonio Moral. Hasta el 2 de febrero, Cáceres y su no menos hermosa provincia acogen un “evento único” que incluye 16 conciertos a cargo de primeros intérpretes internacionales, con repertorios que se expanden desde el siglo XVII hasta la actualidad.
El jueves, dos intérpretes tan colosales como el violonchelista Mario Brunello y la pianista Yulianna Avdeeva fundieron sus talentos y plenitudes en un programa fascinante y difícil, “que requiere una atención grande y activa del espectador”, advirtió Brunello al comienzo del recital, casi a modo de advertencia. El público privilegiado del festival cacereño se tomó en serio la advertencia y protagonizó un silencio atento que retroalimentaba la emoción del concierto. En la atmósfera del Gran Teatro, reino “la verdad en la música”.
El programa, centrado en la Sonata para violonchelo de Shostakóvich y concebido tras la conmemoración del 50 aniversario de su muerte, aglutinaba, además, la quinta y última sonata para violonchelo de Beethoven, y dos obras de compositores tan vinculados al creador de la Sinfonía Leningrado como Mieczysław Weinberg (1919-1996) y el genio cada día menos oculto de la petersburguesa Galina Ustvólskaya (1919-2006), ella misma alumna -y no solo- de Shostakóvich (entre 1939 y 1947). Fue precisamente Shostakóvich quien ya entonces no vaciló al asegurar estar “convencido de que la música de Galina conseguirá renombre mundial, y será valorada por todos aquellos que perciben que la verdad en la música tiene importancia de primer orden”.
Imagen del concierto
Y esto fue precisamente lo que pasó y se vivió el jueves en Cáceres, con la versión nítida, incandescente, fascinadora y en carne viva que brindaron Brunello y Avdeeva del Gran dueto para violonchelo y piano que compuso Ustvólskaya en 1959. La verdad en la música de sus cuatro movimientos se escuchó y sintió con los oídos bien abiertos por el público ejemplar del festival cacereño, y en el teatro y sus espacios y penumbras reinó la espiritualidad y el aura atea pero genuina de la verdadera obra de arte. Inolvidable.
Fue, quizá, el momento culminante de un recital todo él de enjundia y calado, solo apto para artistas tan cuajados y versados en estas lides más allá de éxitos y triunfos como los protagonistas de este recital, él Premio Chaikovski de Moscú en 1986, y ella Premio Chopin de Varsovia en 2010.
En la segunda parte, y tras el yugo en la garganta dejado por el Gran dueto de Ustvólskaya, el programa confrontaba -o ponía ante el espejo- la Sonata opus 21 en Do mayor, de Weinberg (1960), y la veinteañera Sonata de Shostakóvich, compuesta en 1934, cuando el genio comenzaba a despuntar. Características, diversas y próximas, de ambas sonatas ofrecieron versiones marcadas por la lealtad al espíritu, letra e intención de sus respectivos creadores.
En cada poro y nota asomaba la condición de ambos intérpretes de fervorosos adalides de las músicas de Shostakóvich y de Weinberg, compositor polaco afincado en la Unión Soviética, cuya obra tanto Brunello como Avdeeva han grabado y difundido por los cuatro puntos cardinales. De una y otra sonata ofrecieron versiones sobresalientes, marcadas por esa larga cercanía anímica y un virtuosismo empeñado en servir a la “verdad en música”.
Antes, la plenitud del Beethoven de su última sonata para violonchelo (la segunda de las opus 102), entendida, desde sus raíces clásicas, pero poderosamente asentada en la contundente expresión romántica. Inolvidable el modo en que dijeron el final “con molto sentimiento d’affetto” del tercer movimiento, y el fugado final del último. Música extrema nacida -como las del resto del programa- desde el arrojo y categórica rotundidad del genio creador, como vino a decir Mario Brunello en la pertinente alocución -en italiano- que precedió el recital.
Gran éxito, más allá del aplauso y el oropel. Como inesperado y romántico final, Brunello y Avdeeva respondieron con el regalo dulce y cantable del “Largo” de la Sonata para violonchelo y piano de Chopin. ¿Qué mejor colofón que estos escuetos pentagramas imbuidos de verdad en música?
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