18 de mayo de 2024

Radio Clásica

Argentina

Critica: Barton y Gaffigan con Wagner

Cierto sabor agridulce

Barton y Gaffigan con Wagner

TEMPORADA DE OTOÑO PALAU DE LA MÚSICA. Orquestra de la Comunitat Valenciana. James Gaffigan (director). Jamie Barton (mezzosoprano). Programa: Obras de Albéniz, Wagner y Chaikovski. Lu­gar: Palau de la Música (Sala Iturbi). Entrada: Alrededor de 1.600 espectadores. Fecha: jueves, 16 noviembre 2023

James Gaffigan

Pese al interés del programa, que hilvanaba sutilmente tres obras y autores tan disímiles y -paradójicamente- cercanos como Albéniz, Wagner y Chaikovski, el concierto de la Orquestra de la Comunitat Valenciana en su visita amiga al vecino Palau de Les Arts dejó cierto inevitable sabor agridulce. Amargo incluso. Después de una lectura impoluta, lenta y maravillosamente enunciada por James Gaffigan y sus formidables instrumentistas del Palau de Les Arts del preludio de la ópera Merlin, de Albéniz, y de una muy sui generis y cuestionable lectura de los wagnerianos Wesendonck-Lieder que más parecía la Inmolación de Brunilda o algo así, el programa desembocó en una versión arrolladora y casi computarizada de la Sinfonía Patética de Chaikovski, en la que Gaffigan pareció más empeñado en evitar cualquier desliz lacrimógeno que en penetrar en el secreto expresivo de Chaikovski.  Yuri Temirkánov -fallecido el pasado 2 de noviembre- y su Chaikovski eterno se sintieron tan ausentes en el escenario como presentes en la memoria sentimental.

Gaffigan, un virtuoso de la batuta que marcó y no dejó detalle sin matizar, no logró conmover con una versión deslumbrante y efectista, pero también vacía de emoción y de todo lo que esté más allá de la solfa. El formidable instrumento que es la OCV, realzado envuelto en la acústica favorable del Palau de la Música, dejó bien patente su categoría inconfundible, con intervenciones solistas de tanta enjundia como las del clarinete Tamás Massányi, el flauta invitado Álvaro Octavio o el fagot incomparable de Salvador Sanchis. O de una cuerda sin parangón en España. Pero la batuta solo trasladaba nervio, ímpetu, energía, decibelios y precipitación. Cohibido quizá por el miedo a caer en la tentación lacrimógena, Gaffigan despojó la última sinfonía de Chaikovski de sus esencias románticas y dejó el monumento sinfónico exento de su poderosa fuerza expresiva.  Vamos…, que hubo más emoción en los siete minutillos del Merlin albeniciano que en los cuatro impactantes movimientos de la gran sinfonía romántica.

En medio, la mezzo estadounidense Jamie Barton cantó, pegadita al atril, unos Wesendonck-Lieder verdes y cortos de sugestión; enfatizados hasta el exceso con una vocalidad de confrontados y no siempre pertinentes registros; ajenos a cualquier intimismo y empeñados en una voluptuosidad de cartón piedra que chirriaba con la esencia camerística de la partitura, escrita originariamente para voz y piano, y luego orquestada por varios compositores, incluidos Henze o el valenciano Francisco Coll, como señala César Rus en sus espléndidas notas al programa. Incompresible que el programa de mano no indicara la orquestación que se tocaba. Tan incomprensible como que el público aplaudiera una y otra vez al final de cada Lied, como luego también hizo entre el tercer y cuarto movimiento de la Patética. ¡Tremendo! Décadas de la mejor música y así seguimos… Definitivamente, entre unas y otras cosas, este concierto deja, como los labios muertos de Jokanaan en la boca de Salome, “cierto sabor amargo”. Gran éxito. Justo Romero.

Publicado en el diario Levante el 18 de noviembre de 2023.

    

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