13 de abril de 2024

Radio Clásica

Argentina

Crítica: André Schuen en Les Arts

Temple. Esencia

CICLO “LES ARTS ÉS LIED”. Andrè Schuen (barítono). Daniel Heide (piano). Programa: Die schöne Magelone, de Johannes Brahms. Lugar: València, Palau de les Arts (Sala Principal). Entrada: Alrededor de 800 espectadores. Fecha: sábado, 1 abril 2023.

André Schuen en Les Arts (c) Mikel Ponce

Andrè Schuen es el barítono de moda. Una estrella del canto, del mejor canto, que rompe estereotipos y lugares comunes. Irrumpe en el escenario raudo y sin protocolos ni monsergas, con su estupenda figura de joven veinteañero (aunque es casi cuarentón). Saluda con desenfado, casi sin tiempo para un respiro antes de poner en acción la garganta privilegiada, su alma de liederista genuino más allá de poses o moderneces. Tras la apariencia de chaval de sábado noche, habita un artista mayúsculo y para nada extravagante. Y, sobre todo, un cantante fuera de serie.

Italiano del Tirol, es decir, medio austriaco, Schuen (1984) es liederista reflexivo, intuitivo y sensible, dotado de una voz poderosa e intensamente bella, que maneja con perfilado dominio técnico y una fluida naturalidad que nada tiene que ver con distancia. Su arte, su canto fresco y genuino, reivindica la memoria de los verdaderamente grandes, de Fischer-Dieskau y de la Schwarzkopf, de Hermann Prey y de Gerard Souzy, de Victoria y de Hotter

Tan refulgente antidivo debutó el sábado en el ciclo Les Arts és Lied, en una nueva cita de alto rango, ante una Sala Principal del Palau de les Arts que registró una entrada más que aceptable (unas 800 personas), a pesar de que el programa -el ciclo Die schöne Magelone, de Brahms- era cualquier cosa menos la alegría de la huerta, y de que el personal ya anda por estos días y lares con la cabeza más en la Semana Santa y en la playa que en encerrarse en un teatro a escuchar de una tacada los quince introspectivos Lieder que integran el ciclo que compone Brahms entre 1861 y 1869 sobre versos de Ludwig Tieck -nombre inédito en el programa de mano; “Les Arts és Lied”, sí, pero el Lied también es palabra!- que narran una caballeresca historia de amor a lo largo de una inverosímil serie de acontecimientos.

Schuen brindó una interpretación subyugante, honda, sentida y estilizada, realzada por el apoyo cómplice de Daniel Heide, quien desde el teclado cantó y fraseó con pareja intensidad, efusión e intención. El barítono tirolés atrapa y llega al espectador desde la primera nota, casi antes de abrir la boca. Tiene presencia escénica y transmite texto y música, palabra y melodía. Sentido, dicción y entonación en la expresión única de la canción de concierto. Cada vocablo y cada verso cobra relieve, realidad y vida. Canta con su calibrada voz baritonal, amplia, generosa y siempre homogénea. Desde la entraña del alma y la inteligencia. Sin partitura ni poses. Su frescura, exenta de artificio y cargada de sinceridad, evoca a Victoria de los Ángeles, tan distinta en apariencia y tan idéntica en lo cardinal. Ni una palabra de más. Ni una exageración ni punto de vacío. Ni verborrea ni poses. Temple. Esencia.

Ni siquiera el reiterado proceder de un sector del público, empeñado uno y otro Lieder en mostrar su entusiasmo con aplausos perturbadores al final de cada uno de ellos, pudo distorsionar el fino hilo conductor con el que Schuen y su estupendo pianista Daniel Heide hilvanaron cada una de las quince joyas del ciclo. Luego, al final, tras apenas 50 minutos de música, el aplauso inteligente ser tornó ovación y bravo. Un Morgen de cortar el aliento y el conocido Guten abend, gut’ Nacht fueron perfecto colofón de tan inolvidable recital de sábado tarde. Justo Romero

Publicada el 3 de abril en el Diario Levante

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