18 de octubre de 2021

Radio Clásica

Argentina

Anna Netrebko, de la A a la Z en su 50 cumpleaños

Anna Netrebko, de la A a la Z

Anna Netrebko

La soprano más mediática del globo cumple 50 años, que celebrará con una gala en el Palacio del Kremlin. Su signo zodiacal es Virgo y nació en el año del Cerdo. Colecciona premios y atesora seguidores en Instagram. Ha sido Violeta. Zerlina, Donna Anna, Mimí, Adina, Floria, Tatiana, Julieta… Y los que le faltan. Por su nombre, compuesto por cuatro letras de las que dos se repiten, la conoceréis. Vive cada minuto y echa de menos tener tiempo para ella. Inaugurará la temporada en La Scala con el verdiano “Macbeth” junto a dos grandes amigos: Ildar Abdrazakov y Luca Salsi. He aquí este particular abecedario que da pinceladas sobre su vida y al que solo se le resiste una letra.

Anna: Nombre capicúa. Apenas basta pronunciarlo para saber que uno se refiere a ella (con permiso de la Pirozzi). Para su padre es Anechka.

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Anna Netrebko de niña

Nació un 18 de septiembre de hace 50 años. Siempre, lo dicen quienes la tuvieron cerca, fue inquieta, movida. Los fines de semana representaba obras de teatro con sus amigas niñas de Krasnodar. Tiene una hermana tres años mayor, Natalia. En sus raíces hay sangre cosaca y gitana.

Bayreuth: El festival dedicado a Richard Wagner parece que se le resiste. Su debut estaba preparado para 2018 con “Lohengrin”, pero el cansancio acumulado la llevó a cortar de raíz con sus compromisos y tomar un descanso por prescripción médica.

Cocinar: Adora recibir y es una perfecta anfitriona. Que se lo pregunten a su pléyade de amistades rusas y a las que frecuenta en Nueva York. O a Piotr Beczala, que ha probado algunas de sus delicias y que tenía como vecino en la Gran Manzana. Le pierde el chocolate y guisa a la manera de su abuela la sopa de remolacha.

Chitta: es un muñeco gigante, un mono de color naranja con el pelo encrespado al que le falta uno de los ojos. Con él jugó mucho de niña y lo conserva como un tesoro.

Diva: en una entrevista para una cadena alemana de televisión lo decía entre risas: “Mírenme. Sí, soy una diva”. Testigo de ello, Rolando Villazón. Corría el año 2003 y la jovencísima y risueña soprano ya barruntaba algo. Dieciocho años después ha perdido frescura pero ha ganado todo lo demás. Y el trono de diva, también.

España: Cantó por primera vez en el Teatro Real en 2001. “Guerra y paz”. Entonces, prometía y su interpretación de Natalia Rostova fue la más aplaudida del estreno. Ha regresado este año como Floria Tosca y ha pospuesto el concierto que tenía cerrado este mes con su marido (por el fallecimiento de su progenitor) a julio de 2022.

Fanciulla ( “O soave fanciulla”, de “La bohème”): Uno de los duetos que más veces, quizá haya podido cantar la soprano. Aunque ninguno como el que interpretaba junto a Rolando Villazón en aquellos tiempos en que parece que les unía algo más que la música en “La bohème”, película dirigida por Robert Dornhelm en 2008 a la mayor gloria de ambos artistas.

Gergiev (Valery): Su descubridor. El hombre que supo ver que dentro de aquella niña morena que echaba horas en el Mariinski y que hablaba lo justo había una estrella. El director de orquesta ruso forma parte de su círculo íntimo. Él le dio su primera oportunidad con Mozart.

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Netrebko en Guerra y Paz

Hollywood: La meca del cine ya la tentó: rodar con un gran actor, de quien nunca dijo el nombre, una escena de amor. Lo rechazó porque el guión era endeble. Puso la voz en “Princesa por sorpresa 2”, donde aparecía cantando en una fiesta cerquita de Julie Andrews. Su vida da para una película o, al menos, para una serie.

Instagram: Es la reina de IG. Se podría seguir su vida a través de las fotografías que cuelga a diario: ensayos, actuaciones, fiestas en casa, reuniones con amigos, paseos por todas las ciudades del mundo. Siempre junto a su marido y su hijo Tiago. No faltan los vídeos gastronómicos ni los culturales. Tiene más de 700.000 seguidores.

Julieta: Es el papel romántico por excelencia y lo ha cantando en la ópera de Gounod. Imposible olvidar su creación del aria “Je veux vivre”, que popularizó hacia mediados de 2000 al cantarla en un concierto cuyo compañero era Rolando Villazón. En Salzburgo en 2019 bordó el papel.

Krasnodar: Ciudad al suroeste de Rusia; allí nació y allí sigue viviendo su padre, Yuri Netrebko, geólogo. Su madre falleció en 2002. Es el hombre más conocido de la ciudad por ser “el padre de”. Sigue Netrebko conservando a sus amigas de la infancia, quienes suelen turnarse para acompañarla en sus giras.

Lujo: Se confiesa una “fashion victim”: Gucci, Chopard, Escada, Dolce & Gabanna, Dries van Noten. Los colores chillones abundan en su armario, un punto extravagante. Colecciona gafas de sol (serían la envidia de Peggy Guggenheim), bolsos imposibles y turbantes. Si hay una marca de muebles que le encanta es McKenzie-Childs y de ropa, 3NY.

Mariinsky: Ahí están sus raíces artísticas. Fue en ese teatro donde Valeri Gergiev la descubrió y le dio su primera oportunidad seria. Debutó en él en 1994 cantando el papel de Susana en “Las bodas de Fígaro. En su agenda no faltan las visitas a este teatro, donde es literalmente venerada.

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Netrebko, su padre Yuri y Tiago

Netrebko: Apellido de su padre, Yuri Nikolaevich, recientemente fallecido y a quien estaba muy unida. Él ha estado siempre presente en los momentos más importantes de la vida de su hija Anna, de quien guardó sus cuadernos infantiles llenos de cuentos y dibujos como tesoros. Ni él ni la madre de Anna, fallecida en 2002, cantaban, pero sí disfrutaban con cualquier manifestación artística interesante.

Ñ: Complicado encontrar una palabra que arranque con esta letra y tenga mínima relación con la soprano. Quizá haya visto un ñandú (animal andino) en alguno de sus viajes o incluso un ñu. Gasta moño en muchos de sus montajes. De ella no se puede decir que sea ñoña. Pero poco más…

Oneguin: El papel de Tatiana de la ópera de Tchaikovsky es uno de los que la artista más ha disfrutado. Junto con Piotr Beczala, compañero de escenario y buen amigo, lo ha cantado en escenarios como el Metropolitan, en una producción de Deborah Warner que abrió la temporada del coliseo en 2013.

Pintura: Tomémonos una licencia: artes en general. Netrebko ama los lapiceros y los pinceles desde niña. Dibuja siempre que su agenda se lo permite y prueba de ello es la decoración en trampantojo de una parte de su terraza vienesa. Conserva un libro con dibujos de Doré regalo de un antepasado. Adora visitar museos. Al Prado, en julio, no faltó.

“Queen”: Como “La Reina” la conocen sus millones de fans, mientras que sus compañeros la definen como un animal de escena y los medios la bautizaron con el nombre de “El ruiseñor ruso”. Ella sonríe -o ríe abiertamente- y dice que si no sientes algo dentro de ti es imposible que puedas transmitirlo al público. Gergiev la define con una palabra: ARTISTA.

Rachvelishvili: De nombre Anita, la mezzo georgiana admira a la soprano nacida en Rusia y nacionalizada austriaca. Anna y Anita han cantando juntas Adriana Lecouvreur y Aida, se han medido y se respetan dentro y fuera del escenario. Lo que el Metropolitan unió…

Salzburgo: Es SU festival. Allí es una diosa. No falta en sus carteles un año tras otro como reclamo. Allí se dejaba fotografiar cuando compartía su vida con Erwin Schrott y allí se deja ver ahora, casada con Yusif Eyvazov. Viena es su segunda casa, si no la primera.

Tiago: Es el nombre de su único hijo, que acaba de cumplir 13 años. Su abuelo materno, a quien adoraba, le llamaba Tisha.

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Portada revista con la pareja Netrebko-Schrott

Es un niño despierto que acompaña siempre que puede a su madre  en sus viajes. Ha visto ópera en los más grandes teatros del mundo. Tiene buena mano con la repostería, las manualidades y la guitarra. Habla dos idiomas.

Única: No hay otra como Netrebko. Imposible compararse con ella sin salir trasquilado. Fue nombrada por la revista “Time” como una de las cien personas más influyentes del globo y “Forbes” la colocó en lo más alto de las grandes fortunas rusas. La primera vez que una cantante lírica ostentaba un puesto. Es ordenada y confiesa tener un punto de locura y extravagancia.

Villazón (Rolando): El tenor fue muy importante en su carrera. Juntos formaron una de las parejas líricas de mayor impacto, aunque parece que fuera del escenario la relación continuaba. Sus caminos se separaron. Él sufrió un parón en su carrera mientras ella ascendía en el escalafón.

W (V+V): Aquí sí nos permitimos una licencia: Violeta Valery, aunque Wagner es uno de sus compositores de referencia. La heroína de “La traviatala encumbró tras el montaje salzburgués de 2005, con escena de Willy Decker y con Villazón (con quien compartía química y juventud) como compañero. Su carrera ya no fue igual después de aquello. El vestido rojo que lucía ella y el reloj de la escenografía son ya emblemas.

Xenia: La letra de la discordia, todo un reto. En “Boris Godunov” interpretó el papel de la primera hija del zar de Rusia Borís Godunov y de su esposa, la zarina María Grigórievna Skurátova-Bélskaya. Era muy hermosa y bien educada.

Yusif (Eyvazov): Confiesa que el tenor, con quien se casó en el Ayuntamiento de Viena en 2015, es el amor de su vida. Se conocieron en 2014 y él hizo público su compromiso vía red social. Forman hoy la pareja lírica por antonomasia y comparten escenario siempre que pueden. Eyvazov nació en Azerbaiyán. Viven a caballo entre Viena y Nueva York.

Zapatos: Son una de sus debilidades y si se apellidan Loboutin, más todavía. Todos le calzan bien: altos, planos, sandalias, botas, deportivas chillonas, pantuflas… Para que no nos tachen de frivolidad, no olvidar la Z de Zerlina, personaje de “Don Giovanni” que ha interpretado, aunque ella es, a qué negarlo, una Donna Anna única. Gema Pajares

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