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Critica: Un multitudinario concierto al aire libre en los jardines del Festspielhaus abre los 150 años del Festival de Bayreuth con Pablo Heras Casado

PorBeckmesser

Jul 26, 2026

Un multitudinario concierto al aire libre en los Jardines del Festspielhaus abre los 150 años del Festival de Bayreuth

FESTIVAL DE BAYREUTH 2026

Wagner: Fragmentos de Lohengrin, Anillo del Nibelungo, Maestros Cantores, Tannhäuser, Tristan und Isolde. El Holandés errante y Parsifal. Solistas:  Vida Miknevičiūtė (Elsa, Elisabeth, Senta, Isolde), Benjamin Bruns (Walther, Lohengrin, Tristan), y Christopher Maltman (Wotan, Holandés). Orquesta Titular del Festival de Bayreuth. Director: Pablo Heras Casado. Lugar: Jardines del Festspielhaus de Bayreuth. Alrededor de 12.000 personas. Fecha: 24 julio 2026.

Heras Casado Bayreuth 150 años

OpenAir

“Y es que los tiempos cambian una barbaridad”. Ya lo vino a decir el castizo boticario Don Hilarión al hablar de las ciencias. Y, efectivamente, en Bayreuth tras la muerte, en 2010, del nietísimo Wolfgang Wagner, en el festival wagneriano comenzaron a ocurrir cosas hasta entonces  inimaginables en una cita anual que siempre, desde su fundación hace ahora exactamente 150 años, se ha distinguido por su inquebrantable fidelidad a sus orígenes.

A novedades como la tontería de las gafas virtuales para ver Parsifal, el estreno este verano de un Anillo del Nibelungo con escena creada sobre la marcha por “inteligencia artificial”, o la programación en el sacrosanto Festspielhaus de Rienzi, la “ópera prohibida” por el propio Wagner, se ha añadido, este viernes, un concierto wagneriano al aire libre -“Festspiel-Open-Air”, reza el programa de mano-, en los verdes jardines que rodean el Festspielhaus. Es decir, en la mismísima “Colina sagrada”.

Impresionaba ciertamente ver la “Colina sagrada” atiborrada de miles de personas -doce mil, según cifras oficiales-, sentadas o tumbadas sobre el propio césped, en plan pícnic, a caballo entre Glyndebourne y cámping playero, ante un inmenso escenario y varias pantallas no menos inmensas emplazadas alrededor.

Choca la idea de Wagner así, al aire libre y en plan popular. Pero la realidad es que visto lo visto, el resultado no ha podido ser mejor ni más exitoso. En el escenario, se impuso la calidad y la excelencia a prueba de bomba y caprichos que habita el escenario del Festspielhaus. Como protagonistas, su mítica orquesta, un trío de cantantes wagneriano de primer orden y la batuta concertadora de un Pablo Heras Casado que en Bayreuth se ha erigido en uno de los popes del universo wagneriano contemporáneo.

Asombraba el silencio del público durante más dos horas ininterrumpidas de Wagner en vena. Desde las ocho de la tarde hasta ya pasadas las diez de la noche. En un atardecer lento e indescriptible; primero templado, luego fresco, y, finalmente, cálido hasta el entusiasmo en una ovación final que debió resonar en todo Bayreuth, impulsada por el más que previsible final de la Cabalgata de las Valquirias, dicha y tocada por Heras Casado y los músicos de Bayreuth con fuego y potencia arrolladoras.

Durante  el concierto, el cronista pudo sentir cómo vecinos espectadores susurraban los “Murmullos del bosque” de Siegfried o los “Encantamientos del Viernes Santo” con la naturalidad que en España, los más mayores canturrean en sus butacas las melodías de las romanzas de zarzuela más conocidas. Y es que Wagner y su música, en Bayreuth, están arraigados en la memoria y el sentir de sus vecinos.

Heras Casado , Bayreuth , 150 años

Al aire libre

Naturalmente, la amplificación -logradísima- y la distancia no tienen nada que ver con la vivencia en el espacio incomparable del interior del Festspielhaus y su foso invisible. Pero sí permitían tasar y disfrutar la calidad excepcional de lo que salía del escenario descubierto. La orquesta, calibrada con pericia por el director granadino, proyectó su sonido curtido en la convivencia estrecha y permanente con unos pentagramas que a sus músicos les resultan tan cercanos como el aire que respiran.

Lo pusieron bien de manifiesto desde el primero momento, cuando abrieron la tarde con el vibrante preludio del acto tercero de Lohengrin, con unos trombones briosos y empastados marca de la casa.  Luego, vendrían, alternados con los vocales, otros fragmentos sinfónicos, desde los “Murmullos del bosque del bosque” de Siegfried, pulidos y acunados por la batuta de Heras Casado, al prodigio de los “Encantamientos de Viernes Santo” de Parsifal, la obra con la que precisamente el director granadino conquistó Bayreuth en 2023, o el inquietante preludio del acto tercero de El ocaso de los dioses.

Los tres cantantes protagonistas vocales son primeros espadas. En Bayreuth y en cualquier teatro del mundo mundial. La soprano lituana Vida Miknevičiūtė, que ya deslumbró a todos con su reciente e impactante Salome en el Palau de les Arts de València, ha encarnado en esta ocasión nada menos que a cuatro heroínas wagnerianos: Elsa, Elisabeth, Senta e Isolde. En todas dejó constancia de su voz poderosa, con fuelle, carácter, peso, ductilidad y agudos afilados y bien apoyados. Matizó y animó los cuatro personajes con diferenciadas identidades, desde la Elsa que tanto duda en el dúo con Lohengrin a la efervescente Isolde del dúo de amor, a la ilusionada Elisabeth que abre el segundo acto de Tannhäuser con el aria “Dich, teure Halle…”, o la desesperada Senta y su quimérica pasión con el Holandés.

El tenor inglés Benjamin Bruns voló desde el lirismo de Walther o Lohengrin a la robustez de Tristan y su dúo de amor, que cantó y enalteció en perfecta complicidad con la delineada Isolde de Miknevičiūtė. El versátil y gran barítono inglés Christopher Matlman ennobleció con su canto ancho y cantable el Wotan de El oro del Rin y el exasperado Holandés del gran dúo con Senta. Tres ases del canto wagneriano que reafirmaron en este concierto sin precedentes su sólido abolengo wagneriano.

El concierto fue animado y presentado con verbo fácil y ágil por el publicista y periodista musical Axel Brüggemann, que entre aria, dúo y fragmento sinfónico conversaba con los propios artistas, o deambulaba por los pícnic charlando con el púbico con chispa y buen humor. En el escenario tampoco faltó la mismísima Katharina Wagner, que respondió con desparpajo y naturalidad a las preguntas desenfadas pero picardeadas de Brüggemann.

También salió airoso del brete Heras Casado, que se mueve como pez en el agua en estos menesteres. El granadino escurrió con arte y salero al incisivo entrevistador cuando éste le preguntó dónde es mejor dirigir Wagner: “¿En Viena, París o Bayreuth?”. “Pues con estos músicos maravillosos de la Orquesta de Bayreuth, con los que a principios de septiembre haré una gira por España”, respondió Heras Casado y se metió al público en el bolsillo. Pero la realidad es que ya se lo había metido al principio del concierto, con su abrasadora versión del popular acto tercero de Lohengrin. Bayreuth 2026 acaba de comenzar con el mejor pie y aires populares. ¡Si Wagner y Don Hilarión levantaran la cabeza!

Justo Romero

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