Mal asunto este ‘Don Giovanni’
DON GIOVANNI. “Dramma giocoso” en dos actos. Libreto de Lorenzo Da Ponte. Música de Wolfgang Amadeus Mozart. Reparto: Thomas Chenhall (Don Giovanni), Marco Saccardin (Leporello), Francesca Pia Vitale (Donna Anna), Marco Ciaponi (Don Ottavio), Arianna Vendittelli (Donna Elvira), Juliette Mey (Zerlina), Louis Morvan (Masetto; Il Commendatore). Dirección de escena: Benoît De Leersnyder. Coro de la Comunidad de Madrid (Javier Carmena, director). Orquestra de València. Dirección musical: Francesco Corti. Lugar: Lugar: Palau de la Música. Entrada: 1.500 espectadores. Fecha: Viernes, 12 junio 2026 (se repite el 14 de junio).
Escena
Mal asunto que una ópera tan fascinante como Don Giovanni resulte tediosa e inacabable, con el público marchándose por goteo y otros mirando el reloj a ver cuánto queda. Y no precisamente por el hecho de que Francesco Corti, director musical de esta versión semiescenificada presentada el viernes en el Palau, haya optado por una versión íntegra, sin los cortes habituales, incluido el infrecuente dueto de Zerlina y Leporello “Per queste tue manine”, incluido por Mozart en el segundo acto para el estreno vienés, sino precisamente por su parco planteamiento, ayuno de la vivacidad, chispa, drama, humor, genio e ingenio que Mozart y su libretista Da Ponte vuelcan a raudales en una obra de arte que es cualquier cosa menos tediosa.
Este Don Giovanni presentado por el Palau de la Música y que tantas expectativas despertó ha sido un fiasco, más propio de función de fin de curso de una buena escuela de canto que de una sala de tanto abolengo y fuste. El conjunto de cantantes era correcto y en algún caso incluso bueno; el Coro de la Comunidad de Madrid se movió con su acostumbrada notabilidad en sus puntuales cometidos, y la Orquestra de València no acertó a ir más allá de salvar el tipo ante el gobierno poco inspirador y nada indagador de un Francesco Corti que se quedó en la cáscara y en la solfa, lejos del genio arrollador de partitura y libreto. Lejano, también, al maestro que tan admirablemente dirigió, en marzo de 2024, en el mismo escenario, La Pasión según san Mateo de Bach.
El prometedor comienzo, con los dramáticos acordes realzados por un acertado contraste lumínico que enfatizaba la decidida articulación con que la Orquestra de València -reforzada con la concertino invitada Elisa Citterio y el violonchelo solista de Martin Egidi– y maestro abordaron la obertura, auguraba una tarde de gran música. Corrían las siete de la tarde, pero 195 minutos, cuando a las diez y cuarto de la noche, concluyó el añadido sexteto final, nada realmente remarcable ocurrió en una ópera que rebosa momentos memorables. Corti no supo, no pudo o no tuvo su mejor tarde ante este Don Giovanni de andar por casa que, ni sinfónica, ni vocal, ni escénicamente fue más allá de la corrección y -no siempre- de la buena letra.
Vocalmente, apenas destacó el tenor Marco Ciaponi, quien construyó un cuidado y bien delineado Don Ottavio, con una fina línea de canto que dio aire y aliento a sus dos conocidas arias. Más elevado y entonado en “Il mio tesoro” que en “Dalla sua pace”. El más barítono que bajo Thomas Chenhall carece del fuste y tronco vocal que reclama un personajazo del carisma y calibre vocal del burlador por excelencia.
El “bajo bufo” Marco Saccardin dio el tipo con un bien delineado Leporello, pero que no contrastó ni vocal ni escénicamente con su patrón Don Giovanni. Su aria del catálogo quedó inadvertida en la molicie generalizada de la tarde. Disímiles y enfrentadas más que complementas la enamorada Donna Elvira de Arianna Vendittelli y la vengativa Donna Anna de Francesca Pia Vitale, quien mostró clase, talento y futuro. La soprano Juliette Mey, tan arraiga en el universo barroco, defendió una Zerlina ligera y nada ñoña, y el bajo Louis Morvan salió del paso con oficio y más estilo que voz en su doble cometido ante dos personajes tan alejados como el bobalicón Masetto y el pétreo Commendatore.
La Orquestra de València se escuchó desajustada, gris, plana y lejos de su “zona de confort”. Es decir, en las antípodas de Don Giovanni. La desajustada cuerda casi clamó al cielo en los pizzicati de la serenata (“canzonetta”) de Don Giovanni con la mandolina, “Deh, vieni alla finestra”, sin embargo muy bien resuelta escénicamente, con Donna Elvira ubicada en la terraza lateral de la sala, mientras escucha el “playback” de Leporello simulando ser Don Giovanni.
El movimiento escénico y la iluminación, diseñados por Benoît De Leersnyder, hubiera merecido parabienes en la ya referida función de fin de curso, pero no en todo un Palau de la Música. Frente a aciertos como el ya referido del aria de la mandolina, o el acertado emplazamiento de coro y cantantes en la platea, terrazas y anfiteatro de la sala, detalles tan párvulos como esos coloreados focos locos moviéndose al son de discoteca años setenta, o la escena final, con Il Comendattore ubicado en la zona de coro, ante unos focos que más que difuminar, ocultaban.
Estupenda sobretitulación (en valenciano y castellano), programa de mano y libreto completo -y gratuito- a disposición de todos. Un ejemplo para el otro vecino Palau de Les Arts, tan rácano en estas lides fundamentales y capitales para preservar la memoria y potenciar el disfrute e información del espectador, y en donde precisamente no hace tanto otro Don Giovanni sí alcanzó la gloria y casi la salvación eterna, de la mano de otro italiano, Riccardo Minasi. Por cierto, el programa de mano insiste en atribuir a Tirso de Molina la hoy más que cuestionada autoría de El burlador de Sevilla. Cosas… Justo Romero.
Publicado en el diario Levante el 13 de junio de 2026.
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