COLORISTA Y MATIZADA EVOCACIÓN
Obras de Lully, Mozart y Strauss. Valerie Steenken, violín. Josep Pons, director. Orquesta Nacional. Madrid, Auditorio Nacional, 29 de mayo de 2026.
Valerie Steenken Foto: Pablo Rodrigo
Volvía Josep Pons a dirigir la Orquesta de la que fue titular de 2003 a 2011 y a mostrar nuevamente su aplomo, su conocimiento del métier, su buen entendimiento de los pentagramas de cualquier época y su peculiar manera de desenvolverse en el podio: gesto amplio, de curioso dibujo, atención a todas las familias, impulso decidido, aclimatación estilística. En programa inteligentemente diseñado que reunían la Marcha para la ceremonia de los turcos de El burgués gentilhombre de Moliére con música de Lully y la suite de El burgués gentilhombre de Richard Strauss. En medio, el Concierto nº 3 para violín de Mozart.
Tras la apertura con esa marcha turca, que incluía un plantel de instrumentos de rango oriental y que Pons dirigió bastón en mano, como lo haría en su momento Lully (que recordemos murió a consecuencia de la gangrena de la herida que le produjo ese adminículo durante un concierto), seguimos las evoluciones de la gentil violinista Valerie Steenken, concertino junto a Miguel Colom de la Orquesta, que nos obsequió con una alada, ligera, bien acentuada y fraseada interpretación del Concierto número 3 de Mozart. Sonido de rara pureza, espirituoso y homogéneo, no especialmente grande pero audible gracias al rico metal. Pureza mozartiana exquisita y amena. Cadencias de la propia violinista. Acompañamiento minucioso y dialogante. Bis tras los aplausos y ovaciones: Danza de La vida breve de Falla.
La segunda parte nos acercaba de nuevo a Moliére y a Lully a través de la Suite straussiana de El burgués gentilhombre, extraída de y construida a partir de la primera versión de la ópera Ariadna en Naxos, en la que se colocaba como parte inicial. Las discusiones con el libretista Hoffmansthal, la larga duración del espectáculo determinaron que finalmente Strauss decidiera retocar el plan inicial y dejar la ópera dividida en dos actos.: uno para dar cuenta de la presentación de la troupe en cada del ricacho y otro para dar paso a la ópera representada sobre el mito. Circunstancias bien explicadas en las excelentes notas al programa de mano debidas a Alberto González Lapuente.
Pons, de una manera clara, variada y colorista, expuso con intención al conjunto de 36 músicos todas las peculiaridades, matices e imaginadas escenas, nueve en total, en las que se dan contrastes, acentos imitativos, secuencias rápidas o lentas. Siempre con la mirada puesta en el siglo XVII. El resultado fue una muy amena interpretación, desde la Obertura hasta las distintas danzas. La batuta dibujó cada episodio con franqueza y donosura. Con la colaboración de algunos de los mejores solistas del conjunto empezando por el concertino, Miguel Colom, ágil, afinado, variado y refinado. Disfrutamos y nos lo pasamos muy bien, por ejemplo, con la Danza de los sastres. Sobresaliente para los demás solistas, en especial la violonchelista Montserrat Egea. A la postre, humor, delicadeza, finura e ironía de la buena. Gran éxito al cierre. Arturo Reverter
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