Jordi Savall, Vivaldi sin estigmas ni dogmas
TEMPORADA DE ABONO DEL PALAU DE LA MÚSICA. Jordi Savall. La Capella Reial de Catalunya. Les Musiciennes du Concert des Nations. Lina Tur (violín). Jaia Niborski, Anna Pirolli (sopranos); Lara Morger, Merce Bruguer, Anastasia Erofeeva (mezzosopranos). Programa: Obras de Vivaldi. Lugar: Palau de la Música. Entrada: Alrededor de 1800 personas (lleno). Fecha: jueves, 14 mayo 2026.
Savall vuelve a València
Jordi Savall ha regresado al Palau de la Música de València, donde siempre es calurosamente bienvenido. Como casi siempre, con sus huestes leales de La Capella Reial de Catalunya y Les Musiciennes du Concert des Nations, a los que en esta ocasión se sumó un calibrado conjunto de voces solistas y el violín siempre singular, siempre brillante, de Lina Tur, que, además, cumplía las veces de concertino. En los atriles, un bien pergeñado monográfico Vivaldi que confrontaba dos conciertos para violín con obras vocales tan logradas como el Magnificat en sol menor, y el Gloria en Re mayor, de 1715.
Como siempre, la actuación supuso un nuevo y rotundo éxito para el director y violagambista catalán y universal, que a sus estupendamente llevados 84 años (nació en Igualada, en 1941) dirige con la autoridad, templanza y buenas maneras que han distinguido su larga carrera. También con calidad y una excelencia curtida por la solera del tiempo, el talento y un empeño que sigo tan vivo como cuando, a principios de los años setenta, comenzó su carrera como intérprete de viola da gamba, fundó Hespèrion XX y se convirtió en profesor en la Schola Cantorum Basiliensis.
Fue un Vivaldi luminoso y lírico. De plenitud. De ritmos y métricas características y pronunciadas. También empeñado en esa melodiosidad vivaldiana tan atractiva y cercana, algo que se manifestó particularmente en los dos grandes frescos vocales, donde las voces -todas femeninas- se aliaron en sincronizadas armonías con los sucesivos solos instrumentales, todos estupendos, en los que, sucesivamente, se lucieron oboe y violonchelo, (ambos excelentes en el dúo con soprano Domine Deus, Agnus Dei, del Gloria), órgano, trompetas, fagot, tiorba y, por supuesto, Lina Tur como concertino.
Imagen del concierto
Jordi Savall calibró con pericia y cuajada maestría las sonoridades vocales e instrumentales, para configurar una discurso homogéneo y al mismo tiempo plural y polícromo. Alejado de rutinas y previsiones. Diverso y pulido, cargado, en su sentido unitario, de registros y matices. Percepción a la que, desde luego, contribuyó la buena disposición del programa, con la alternancia de conciertos instrumentales con obras corales. A destacar el buen nivel de las solistas vocales, todas integradas en el conjunto sin fronteras ni pasaportes que es la Capella Reial de Catalunya.
Por su parte, Lina Tur brilló y convenció con sus interpretaciones de dos conciertos para violín tan característicos como el escrito en 1738 “Per la Solennità di San Lorenzo” y el muy conocido La Stravaganza. Ambos encontraron sus puntos expresivos más hondos y conmovedores en los inspirados movimientos centrales. Fraseo natural, rotundo, con un aire improvisatorio que sienta de maravilla a la frescura consustancial vivaldiana, el impuesto por la temperamental Lina Tur. El templado Savall -tan diferente, pero tan cercano- se implicó en la energética personalidad de la solista con franca convicción. Fue la versatilidad de un maestro ajeno a estigmas y dogmas. Como colofón, aplausos, bravos y entusiasmos como si acabara de cantar Rosalía. ¡Vamos bien!
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