Con la asunción de Manuel Santos Iñurrieta como director artístico, el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini inaugura una nueva etapa en su programación, reafirmando una línea histórica basada en la diversidad de lenguajes y el trabajo colectivo. Bajo la dirección general de Juan Carlos Junio, la temporada 2026 despliega una grilla amplia donde la danza —en sus múltiples cruces con lo escénico— ocupa un lugar sostenido dentro de la cartelera.
Lejos de un corrimiento hacia lo espectacular, la propuesta coreográfica del CCC se inscribe en una lógica de investigación y continuidad. La programación de danza se concentra especialmente en el ciclo de los jueves, consolidado como un espacio dedicado a la creación contemporánea. Allí confluyen artistas con trayectorias diversas, entre ellos Brenda Angiel, Miriam Gurbanov, Liliana Tasso, David Señoran y Gustavo Friedenberg, junto al Grupo La Duncan, configurando un mapa que oscila entre la experimentación aérea, la poética del movimiento y la reflexión sobre el cuerpo en el presente.
Entre los títulos anunciados, Ringtone lado A, de Brenda Angiel, propone un cruce generacional que traslada la intimidad al espacio escénico; Desayuno perfecto, de Miriam Gurbanov, continúa una línea de investigación sobre lo cotidiano como material coreográfico; mientras que Materia fungible, de David Señoran, se posiciona desde una mirada crítica sobre la lógica de consumo aplicada a los cuerpos. A su vez, S.E.R., de Liliana Tasso, y Acúfenos, de Gustavo Friedenberg, completan un recorrido que encuentra en la diversidad de enfoques su principal fortaleza. La programación se expande además con instancias de residencias e investigación, reafirmando el carácter procesual del espacio.

La nueva dirección artística plantea, en este sentido, una continuidad con la identidad histórica del centro, pero también una apertura hacia nuevas formas de circulación y visibilidad. “El trabajo colectivo es el gesto singular que nos identifica”, señala Iñurrieta, subrayando una lógica de construcción compartida que atraviesa tanto la curaduría como la gestión. En el área de danza, la coordinación de Mariela Ruggeri refuerza esta línea, articulando programación, pensamiento y producción.
Más allá del eje coreográfico, la temporada incluye una nutrida programación de teatro, música y propuestas interdisciplinarias, donde la danza dialoga de manera transversal con otros lenguajes. Este entramado refuerza una de las características distintivas del CCC: la convivencia de prácticas artísticas en un mismo espacio, habilitando cruces y desplazamientos.
A 25 años de su creación, el Centro Cultural de la Cooperación mantiene su impronta como espacio de pensamiento y producción cultural vinculado al movimiento cooperativo. Nacido en los años noventa como una plataforma de resistencia y construcción colectiva, el CCC ha sostenido a lo largo del tiempo una política de programación que articula arte y reflexión crítica, posicionándose como un referente en la escena local.
En este nuevo ciclo, la danza no solo ocupa un lugar en la grilla, sino que se afirma como territorio de investigación y presencia sostenida. En un contexto desafiante para la producción cultural, la programación 2026 del CCC propone, desde la escena, una forma de insistencia: la del cuerpo como espacio de creación, pensamiento y comunidad.